De ayer para hoy.

1

 

Después de este desorden impuesto, de esta prisa,

de esta urgente gramática necesaria en que vivo,

vuelva a mí toda virgen la palabra precisa,

virgen el verbo exacto con el justo adjetivo.

 

Que cuando califique de verde al monte, al prado,

repitiéndole al cielo su azul como a la mar,

mi corazón se sienta recién inaugurado

y mi lengua el inédito asombro de crear.

 

 

2

 

(...)

 

Hincado entre los dos vivimos: de un lado, un seco olor a sangre pisoteada;

de otro, un aroma a jardines, a amanecer diario, a vida fresca, fuerte, inexpugnable.

Pero para la rosa o el clavel hoy cantan pájaros más duros, y sobre dos amantes

embebidos puede bajar la muerte silbadora desde esas mismas nubes en que soñaran

verse viajando, vapor de espuma por la espuma.

 

No te muevas. Silencio. No te muevas.

 

(...)

 

Rafael Alberti.

Entre el clavel y la espada.

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